UN ÁGUILA EN EL GALLINERO
Un andinista trajo varias curiosidades del cerro que había escalado y entre ellas un huevo que halló en un nido aparentemente abandonado. Sin estar seguro de qué ave se trataba llega a su casa y lo coloca debajo de una gallina que estaba empollando otros huevos en su gallinero.
Con el tiempo se rompieron las cáscaras y se encuentra un polluelo de águila con otros bípedos que al poco tiempo lo discriminaron por verlo diferente a ellos. A medida que crecía el pichón de águila se fue percatando que realmente él era distinto a sus hermanos de crianza de los que se fue apartando y aislando.
No lo hacía por engreído o aristócrata sino que no los comprendía ni compartía ciertas costumbres de éstos que le parecían deplorables y se decía a sí mismo “¿qué tendré que ver yo con estos tipejos, ya que tenemos poco y nada en común?” Y así veía extrañado como sólo vivían para llenar el buche, se la pasaban peleando por unos miserables granos de maíz, desunidos y vulgares, egoístas y envidiosos chillando para ocupar un mejor lugar en el bebedero.
También había observado que tenían alas igual que él, mas como nadie les enseñaba cómo usarlas él supuso que tenía las suyas al vicio o como simple adorno.
En una de esas apareció un gallo grandote, de pico muy elocuente él, muy seductor con las gallinas a las que les prometió un cambio de estatus para ellas y muchos subsidios cuando fuera elegido capo del gallinero. Al rato se postuló como candidato e inició su campaña prometiendo el oro y el moro, anunciando muchos cambios como maíz y afrechillo para todos, feriados largos para las gallinas cansadas de poner huevos, etc., etc.
El águila de nuestra historia no compartía tanto entusiasmo por cuanto el programa de gobierno que proponía el gallo le parecía mediocre y no contemplaba una mejor educación, no hablaba de combatir la corrupción y la delincuencia a mano de los zorros y comadrejas que asolaban el gallinero ni contemplaba una política superadora que enseñara a los gallináceos a volar y emplear sus alas para fines más elevados.
Y hete aquí que el águila también se postula con su programa de renovación ético-moral y cultural del gallinero. Los días anteriores a las elecciones el astuto gallo trajo bolsas de maíz, afrechillo, sorgo y hasta choripanes repartiendo todo ello a troche y moche dejándolos a todos pipones. Nuestro pobre águila creía que su propuesta era mejor porque apuntaba a lo alto y hablaba de la cultura del ahorro y el trabajo, sentido de responsabilidad, honradez, premio a la excelencia y sacrificio, reestructuración y depuración de la justicia y policía, juicio a los traidores y corruptos, etc.
Resultado eleccionario: ganó por muerte el gallo y al día siguiente todo volvió a la normalidad, los pollos y gallinas volvieron a sus rencillas y miserias, hubo desabastecimiento de maíz y los bípedos emplumados debieron escarbar el suelo en búsqueda de lombrices y otros bichos. Algunas gallinas descontentas quisieron entrevistar al gallo pero este estaba haciendo una gira turística a otros gallineros y el pollo secretario les dijo que elevaran una nota…
El águila no quiso mofarse de nadie y en un rincón se puso a meditar sobre lo ocurrido y sus consecuencias. Levantó la vista al cielo como pidiéndole ayuda a tata Dios y se sorprendió al ver una bandada de patos volando en formación, todos unidos y alegres disfrutando de la libertad, y entonces estalló de alegría y esperanza diciéndose “¡Vamos, si yo estoy para más! ¡No estoy hecho para esta chatura y mediocridad!, si esos palmípedos programados para las actividades náuticas pueden volar, qué no podría hacer yo que nací para las alturas.
Liberado de ese ambiente que lo sofocaba, de los pollos corruptos, de las gallinas cholulas y papamoscas, de los malos olores del lugar y del gallo charlatán que ahora proyectaba hacer un pacto con el zorro y darle en concesión parte del gallinero decidió definitivamente cambiar de vida y de ambiente por lo que comenzó a hacer ejercicios con sus alas que estaban casi atrofiadas a fin de que cobren fuerzas sus músculos. Así estuvo varios días preparándose para su gran aventura y liberación de tanta miseria.
Y UN DÍA MIRANDO ESE HERMOSO CIELO AZUL, SE TENSÓ COMO LA CUERDA DE UN ARCO Y DESPLEGANDO SUS LARGAS ALAS GRITÓ, “¡ALLÁ VOY!”
Guillermo Illuminati

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