me senté frente a la tele lleno de espectativas, una vez más Lanata hacía que mi corazón se llenara de júbilo, porque esta noche podía ver en directo al D'Elía con 100 grs de "trankinal" y a Peña, el locuaz y famoso gay.
Ambos moderados por la silenciosa presencia del conductor del ciclo.
Como en todo combate sería prudente estudiar al adversario quien sabe varias vueltas hasta estar seguro de las capacidades de los contendientes entre ellos, aquí no sucedió.
La gresca ya venía de antes y terminó con la mariconada de D'elía diciéndole a Peña que lo iba a querellar por injurias.
Pero entre todo lo que se dijeron, a mi me causó fatiga auditiva el nuevo latiguillo de D'Elía, que según lo que oí se ha convertido en un admirador consistente de aquel país y sus dirigentes políticos, del pueblo de Brasil todo, llegando a proclamar en este programa que nuestros vecinos, sean de la clase social que sean cuando cantan el himno de su país lo hacen con igual sentimiento (supongo yo que tratando de decir que nosotros, argentinos, no).
Por estas mismas palabras entiendo yo, que el dirigente político argentino, ( también conocido como el intolerante que arrasó con sus hordas una pasiva manifestación popular, porque los chacareros y productores agropecuarios que fueron desalojados de Plaza de Mayo al grito de : "La Plaza es nuestra", para lo cual golpeó con sus hordas de enmascarados ( no todos, lo que demuestra el sentido de impunidad con que se manejaron)a todos los manifestantes que encontró a su paso, mujeres, niños, jóvenes, y hombres mayores), tiene muchas ganas de imitar lo que pasa en países extranjeros en nuestro suelo.
Y a esto habrá que incluirle la presencia de las favelas y su tónica de vida que no está muy lejos en nuestros tiempos.
D'Elía sostiene en sus palabras que vamos hacia una república dividida en al menos dos estratos sociales, pero no lo dijo él con estas palabras, sino que además sostuvo que la división del pueblo argentino está como viene desde hace doscientos años, cuando allende los tiempos Moreno se oponía a Saavedra, solo que omitió recordar que los intereses de unos y otros tenían que ver con el sometimiento del país a potencias extranjeras sumadas a intereses mezquinos manifiestos desde la participación social de la esposa de Saavedra, hasta límites insospechados y no dichos en ningún libro de historia argentina de lectura común, contra la sana intención de libertad que pregonaba Moreno, en ese entonces asociado a su primo Castelli y a quien fuera el único militar que merece a mi pensar la designación de Padre de la Patria, el Gral Manuel Belgrano.
Peña, de quién no me enorgullezco, porque deja mucho que desear a partir de su moral tomó la duda como valuarte único ante las palabras de un D'Elía que una vez más mostró gran caudal de recursos contestando siempre cosas que no le habían preguntado, algo que el gay se encargó de resaltar.
D'Elía hizo lo suficiente para recordarme que fue él quien tomó una seccional policial de Capital Federal dejando indefenso a un importante grupo de personas en ese momento, hecho por el cuál nunca fue sancionado como era de esperarse.
Este hecho en particular me trajo a la memoria la toma de La Calera.
Solamente por esta vez me asociaría al pensamiento de un hombre de repudiada moral como lo es para mí Peña, que quiere sacar a D'Elía del sistema político de nuestra república.
18 abr 2009
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